En un entorno empresarial cada vez más complicado, los directivos necesitamos conocer, utilizar y optimizar todas las herramientas de las que disponemos para desempeñar de forma eficiente nuestra función: dirigir a nuestros colaboradores para conseguir los objetivos de la empresa.
Las herramientas de las que disponemos son: la selección de colaboradores, que nos permita dotarnos de un equipo homogéneo y con potencial; la Integración de los mismos en la empresa de modo que lo antes posible la conozcan, se sientan bien en ella y empiecen a rendir; la Motivación que podemos definir como el estado de proactividad permanente que les predispone a asumir responsabilidades y aceptar retos; la comunicación, que cuando funciona fluidamente en todas direcciones evita malentendidos y errores; el coaching, que consiste en el entrenamiento permanente de los colaboradores en su puesto de trabajo, complemento imprescindible de un buen plan de formación; la dirección por objetivos, sistema que además de sacar de dentro de los colaboradores lo mejor de sí mismo, libera al directivo de infinidad de tareas concretas lo que le permite dedicarse a tareas de mayor enjundia; la remuneración eficaz, que no sólo cumple con la obligación legal de pagar sino que “hace hacer” a los colaboradores lo que el directivo necesita que se haga; el cuadro de mando, instrumento sencillo a la vez que completo que poner a disposición del directivo toda la información necesaria para la toma de decisiones; la planificación, que partiendo de la situación real de cada empresa en un momento dado, establece el camino a seguir para alcanzar sus metas y sus objetivos; y las reuniones entre otras herramientas.
En el presente artículo, trataremos de ilustrar cómo emplear las reuniones como una herramienta de primer orden para dirigir a los colaboradores y que sea un factor decisivo en la consecución de los objetivos que los directivos se han marcado.