El comportamiento de una persona en cualquier ámbito de su vida suele responder a una determinada motivación, esto es, a un conjunto de razones que explican los actos de una persona. Los motivos pueden ser de distintos tipos: impulsos, necesidades, intereses, pensamientos, inquietudes, aspiraciones, expectativas, incentivos que activan nuestra conducta.
Si dicha conducta contribuye a que la persona consiga su objetivo, es decir, cubra sus necesidades, satisfaga sus intereses, consiga sus aspiraciones, se cumplan sus expectativas, la persona considerará que el comportamiento es adecuado y seguramente éste se repita y persista (siempre y cuando no cambie de motivos). Los motivos no sólo activan la conducta, sino que nos hacen persistir en ella.